Recuerdo el último instante de despedida. El tiempo se hacía lento… mi boca pedía más. Mis ojos dirigidos a los tuyos gritaban que te quedaras. Porque no fue suficiente dormir frente a la chimenea. Porque no basto recorrer tu cuerpo, que a la luz del fuego se hacía más suave. ¿Qué tengo que hacer para que esos momentos vuelvan? (pero no solo en mi mente). ¿Qué hazaña tengo que realizar para el tiempo no se haga corto al ver tu alma al trasluz? Si he de calmar tu sed con el océano lo hago.
Porque una princesa que hace mi tiempo corto y mi espíritu eterno se
merece todo. Alguien con piel suave. Alguien con cabellos de noche jugando a
ser como olas en mis manos. Princesa: otra vez te pido a gritos que me dejes
estar en tu reino. Princesa, yo se que tus ojos hacen terreno fértil mis
hazañas. Princesa: tu piel suave no es frágil, sencillamente porque hace mansa
a una criatura tan feroz como yo que estaba escribiendo esto con toda la
inspiración que me permite ver de manera intermitente su rostro... (¡Que corto
ese tiempo!) Pero me tengo que marchar. Regreso a la tierra. Regreso de este
lindo sueño.
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