viernes, 17 de julio de 2020

Diario de Sensaciones Parte 2

Muchacho R

 

            La pregunta no es si de verdad me gusta, sino de qué tanto le gusto yo a ella. Se pone tan nerviosa cuando me acerco a hablar con ella. Aunque es la primera mujer que no se delata con las miradas, esa llamada y el mensaje de la otra vez no son algo casual. Eso no lo hacen los amigos. ¡Pero qué piel tan suave debe tener! Bueno eso es lo que presumo con lo que veo. Si, es bella como muy pocas mujeres lo son. Pero lo particular en esta cosita bella es su actitud. Esa sencillez… Esa naturalidad. Parece una niña. Inocente, pura. A lo mejor por eso es que me siento como adolescente, cuando la veo. Y cuando pienso en ella…. Me siento como si fuera a vivir eternamente.  Y entonces las incertidumbres desaparecen. Las preocupaciones también. Porque ya el tiempo no es mi enemigo y luego lo que no tuve ayer lo obtendré hoy. No importa nada. Nada me preocupa. Enfrento todo con optimismo y con pasión porque la vida es un animal que hay que domar, y el destino es una mujer que hay que conquistar.

 

            Bueno pero hablando de cosas prácticas, yo tengo que ser precavido. Tengo que dejar a un lado las ilusiones que no encuentran eco. Las palabras que no vinculan celos. Tengo que actuar como roedor, como gacela precavida, como ave en las serranías, que mira para los lados cuando baja del árbol…. ¡Epa!      Se supone que debía escribir sobre cosas más terrenales, prácticas y tangibles. Sin embargo, esto último puede servir para el Volumen 5.

 

            Bueno, en cuanto a lo que aprendí. Se gana más con la dependencia de los demás hacia ti que con la que uno construye en base a los demás. Entonces, tengo que adiestrar a mis instintos y a mi razón para que mi perfil no sobresalga de la muchedumbre. Tengo que ser discreto, sereno, tranquilo. La sinceridad es un suicidio en estos asuntos. Decir todo lo que siento en un primer momento es el único comportamiento honesto que lo hace ver a uno desagradable o por lo menos, poco atractivo.

 

            Y para completar… esos ojitos. ¿De qué color serán? Bueno, es cuestión de tiempo saberlo. Y esos labios. Me colgaría de ellos como los intelectuales a los libros. Como los músicos a sus instrumentos. Como las ardillas a las ramas… Como los malandros a…. ¡Hay!  ¡¿Qué estoy diciendo?!

 

            Pero no me siento grande con todo esto. No hay nada seguro. Si fuera así entonces ya hubiera perdido todo el interés por ella. Y más bien mi atracción se agranda cuando son más los días en que no he tenido la oportunidad de hablarle. Así se aclararán todas mis dudas, aunque son tan deliciosas como el chocolate del Brownie. Creo que si los seres humanos pudiéramos adivinar el futuro, toda la magia y la dulzura de los momentos previos a decidir hacer pareja, se acabarían como los fuegos artificiales en enero. Por eso no creo en los adivinos de oficio,  los que echan las cartas y leen los signos del zodíaco en las mañanas. Estas personas serían entonces vacías de energía, expectativas e incertidumbre. Y por lo tanto, llenos de aburrimiento y de días grises y atardeceres en blanco y negro. Esto no cuadra con todos los consejos que dan para ser feliz. Como no cuadra ver un malandro con aparatos dentales. 

 

 

 


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