Mis pasos marcharon cansados porque agoté
mi alma malgastándola en acariciar cuellos fríos y abrazar a amigos hipócritas.
Mi cabeza se ahogaba en interminables recuerdos sobre frustraciones pasadas. No
soy hombre de lágrimas de víctima indefensa, pero mi aislamiento me hace ver
peor. Hasta los árboles escuchan nuestras palabras de seres solitarios. Pero
yo, que nací sensible como un lago apacible, me alerto al más mínimo ruido.
Todos se acercan y miran fijamente mis ojos congelados como si fueran de
vidrio. Mi boca, que ya no s roja de sangre, sino púrpura de frío. Mis
palabras… que vuelan de mi rostro diciendo ¿Para qué estoy viviendo? Mi piel ya
no s de bronce, sino de cuarzo blanquecino, porque ya no me nutro de nadie. ¡No
quiero hacerlo más!
Sólo
un reloj dentro de mi pecho asoma vitalidad. Y por cierto… Faltan pocos minutos
para despertar de mi vida pasada, porque a lo que llamamos pesadilla existe
sólo en nuestra mente. Esto es real, tanto que tengo cicatrices.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario