viernes, 17 de julio de 2020

Selva Virgen

Pensé que ya lo había percibido todo. Todo con mis sentidos. Todo con mi piel.

Pero… me tomaste de las manos y me trajiste aquí. A esta selva gigante.

Yo, pequeño soy, me hago más humilde con la inmensidad de esta llanura.

Y con la infinita planicie de tu alma.

Y… con el tiempo que ahora es mi aliado.

Y con tus besos que ya no son robados.

Madre naturaleza. Ahora te conozco de verdad.

Me ha traído tu hija: la inmensa libertad.

La belleza interna. Las caderas inquietas. Los ojos grandes. Labios que son ahora míos.

Cambié mi vida por una invitación. A este mundo verde.

Plantas amigas mías. Son testigos de mi nuevo descubrimiento.

De tu inmenso cariño. De tus buenos días. Que vinieron después de unas apasionadas buenas noches.

Me tienes de invitado en tu reino.  Donde las flores tienen tu mismo ritmo.

 

NO sabes cuánto me fascina la forma en que aquí me tratas.

¿Qué más puedo pedir? Paisaje natural, nuevo ambiente. Tus visitas a mi suelo. ¡Qué irresistible combinación!

NO me pellizques que no me interesa la diferencia entre sueño y realidad.

No me importa. Con tal de que siga existiendo este escenario. Hacia donde me has traído.

 

Me cuesta respetar los límites que tú me impones.

Pero al final hago lo que me pides, y sólo respondo a tu llegada a mí.

NO me creo todavía todo esto. Porque esto es prácticamente es algo irreal. 

 


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