Pensé que ya lo
había percibido todo. Todo con mis sentidos. Todo con mi piel.
Pero… me tomaste
de las manos y me trajiste aquí. A esta selva gigante.
Yo, pequeño soy,
me hago más humilde con la inmensidad de esta llanura.
Y con la
infinita planicie de tu alma.
Y… con el tiempo
que ahora es mi aliado.
Y con tus besos
que ya no son robados.
Madre naturaleza.
Ahora te conozco de verdad.
Me ha traído tu
hija: la inmensa libertad.
La belleza
interna. Las caderas inquietas. Los ojos grandes. Labios que son ahora míos.
Cambié mi vida
por una invitación. A este mundo verde.
Plantas amigas
mías. Son testigos de mi nuevo descubrimiento.
De tu inmenso
cariño. De tus buenos días. Que vinieron después de unas apasionadas buenas
noches.
Me tienes de
invitado en tu reino. Donde las flores
tienen tu mismo ritmo.
NO sabes cuánto
me fascina la forma en que aquí me tratas.
¿Qué más puedo
pedir? Paisaje natural, nuevo ambiente. Tus visitas a mi suelo. ¡Qué
irresistible combinación!
NO me pellizques
que no me interesa la diferencia entre sueño y realidad.
No me importa.
Con tal de que siga existiendo este escenario. Hacia donde me has traído.
Me cuesta
respetar los límites que tú me impones.
Pero al final
hago lo que me pides, y sólo respondo a tu llegada a mí.
NO me creo
todavía todo esto. Porque esto es prácticamente es algo irreal.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario