Con mi dedo índice y pulgar palpo interminablemente el
cuello de tu franela, porque las prendas que visten a un ser tan valioso me
parecen sagradas. Orgullo, satisfacción y alegría puedo palpar con mis dedos,
que rápidamente se concentran en tu rostro. Dedos, palma, hasta brazos se unen
en esta celebración de goce y descubrimiento. No me canso de verte… así, tan
cerca de mí. Pero tanta observación de mi parte no me ha permitido hasta ahora
creer totalmente que estás frente a mí. Recostada en mi regazo, abres y cierras
tus ojitos lentamente, señal de que te relajas más con mis caricias en tu
cabello, y luego en tu cara. Mi mano peina lentamente una y otra vez el cabello
que se encuentra muy cerca de tu oreja izquierda. El ritmo con que te peino se
va acercando muy lentamente al ritmo con que cierras y abres tus ojos. Me siento
privilegiado al poder provocar que te relajes. Podría decir que me siento
poderoso. Pero al poco tiempo toda esta sensación se esfuma al poner todos mis
sentidos en tu mirada, y en el resto de tu rostro, que se ve tan dulce, tan
entregado a la tranquilidad. Me acerco a ti para besarte en la frente. Un beso
cariñoso, un beso que te recuerde que estoy aquí para cuidarte. El dedicarme a
observar detenidamente los detalles que conforman tu cara, me impide que te
bese copiosamente… por ahora.
No se trata solamente de placer… se
trata además de compartir. Comparto mis sensaciones en agradecimiento por
haberme tocado tan profundo…Por haberme tocado con tu mano primaveral. Porque
me has regalado tu interior. El interior de tu alma que es tan suave. Te deseo
desde el momento en que te vi. Me excita la idea de alcanzarte. De sentir el
agua que tú has visto. De que me miras por un breve instante. Me encanta la
limpia textura de tu piel. No hago otra cosa que pensar en la idea de tener la
oportunidad de llevarte a mi nido y hacer que te sientas lo más cómoda posible,
recostada, mimada, soñada, relajada… En un instante único congelado, tener tú
imagen ahora de mujer mirándome… risueña, jovial, entretenida con mis caricias.
Arrebatada por un suspiro que parece eterno, te observo detalladamente mientras
la frágil luz de la chimenea hace que tu piel se vea más suave de lo que es.
Más tierna de lo que es. Creo que eres una Diosa. La mayoría de las veces estoy
plenamente seguro de ello.
Detallo tu cuerpo. No sé por qué me
concentro en tus mejillas. En todo caso sobra decir que me pierdo en ellas y en
tu cuello. Blanco campo. Suaves colinas recorro para llegar a tus ojos. Marcha
que termina rápidamente porque un viaje de dicha altera curiosamente el tiempo.
Sigue dormitando princesa. Sigue
entregada en ese sueño que te hace más linda con esos ojos cerrados, como
salvada por un instante de toda la maldad de este mundo. Mientras que todo esto
sucede, yo me levanto, me pongo mi armadura, y nuevamente iré a esa batalla,
donde constantemente hiero y mato los demonios que se empeñan en que la vida de
los mortales sea miserable. Lucho por un mundo más feliz, más humano, más
justo, más terrenal. Un mundo que preparo para cuando tú llegues, del mundo de
los Dioses, a poblar mi mundo: el de los soñadores.
Deseo en lo más profundo que tu piel esté algo lejos
de mí. Para desahogar mi tensión, mi energía contenida, a través de la
exigencia a mis músculos para que den todo de sí en tú búsqueda.
Estoy intranquilo
si sigo sedentario, como están las fieras dentro de una jaula. Creo que voy a
morir si no tengo un propósito, si no tengo algo que hacer, después de explorar
todos los continentes y acumular posesiones tangibles, mercantiles y frías.
Consigo un poco de lógica al recordar, poco a poco, que tú eres la elegida por
mi corazón. Acabo completamente sudado y agotado en un día de recorrido, pero
tú rostro es la fuente de agua que calma mi casi desvanecimiento en estas
tierras tan secas.
Por eso pienso, sueño, y me dejo
llevar por tus recuerdos, porque así sigo vivo. Porque así siempre seré eterno.
Esos detalles de ti… Esos detalles de tu cuerpo que me atrapa y me acobijo con
él. Esos pedacitos de tu sonrisas que los despedazó el tiempo, pero guardo esos
miles de trozos en mi mente perfectamente juntos. Esos instantes que son muy
reales cuando los evoco… Son los que me dan poder. Capacidad de lograr todo lo
que me proponga. Es mi motivación… Mi estímulo.
Tal vez suena trillado, pero ya nada
podrá ser igual. Ya las cosas no pueden forzarse a estar ordenadas pero
aburridas, tal y como las encontraste cuando me miraste a los ojos por primera
vez. Disculpa que te lo diga de esta manera, pero no puedes volver a tu reino
de riquezas pero de soledad. No puedes deshacer en tus manos la flor que brotó
del jardín que tú reviviste en estas tierras lejanas. No puedes escapar de este reino de puro color,
para refugiarte en un mundo de sembradíos secos y de días en blanco y negro que
deprimen porque siempre está nublado. Disculpa pero no puedes, y no es una
manifestación de egoísmo sino un recordatorio de que tu vida debe estar acorde
con lo que te mereces.
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