lunes, 6 de julio de 2020

LO QUE DETALLO

Con mi dedo índice y pulgar palpo interminablemente el cuello de tu franela, porque las prendas que visten a un ser tan valioso me parecen sagradas. Orgullo, satisfacción y alegría puedo palpar con mis dedos, que rápidamente se concentran en tu rostro. Dedos, palma, hasta brazos se unen en esta celebración de goce y descubrimiento. No me canso de verte… así, tan cerca de mí. Pero tanta observación de mi parte no me ha permitido hasta ahora creer totalmente que estás frente a mí. Recostada en mi regazo, abres y cierras tus ojitos lentamente, señal de que te relajas más con mis caricias en tu cabello, y luego en tu cara. Mi mano peina lentamente una y otra vez el cabello que se encuentra muy cerca de tu oreja izquierda. El ritmo con que te peino se va acercando muy lentamente al ritmo con que cierras y abres tus ojos. Me siento privilegiado al poder provocar que te relajes. Podría decir que me siento poderoso. Pero al poco tiempo toda esta sensación se esfuma al poner todos mis sentidos en tu mirada, y en el resto de tu rostro, que se ve tan dulce, tan entregado a la tranquilidad. Me acerco a ti para besarte en la frente. Un beso cariñoso, un beso que te recuerde que estoy aquí para cuidarte. El dedicarme a observar detenidamente los detalles que conforman tu cara, me impide que te bese copiosamente… por ahora.

            No se trata solamente de placer… se trata además de compartir. Comparto mis sensaciones en agradecimiento por haberme tocado tan profundo…Por haberme tocado con tu mano primaveral. Porque me has regalado tu interior. El interior de tu alma que es tan suave. Te deseo desde el momento en que te vi. Me excita la idea de alcanzarte. De sentir el agua que tú has visto. De que me miras por un breve instante. Me encanta la limpia textura de tu piel. No hago otra cosa que pensar en la idea de tener la oportunidad de llevarte a mi nido y hacer que te sientas lo más cómoda posible, recostada, mimada, soñada, relajada… En un instante único congelado, tener tú imagen ahora de mujer mirándome… risueña, jovial, entretenida con mis caricias. Arrebatada por un suspiro que parece eterno, te observo detalladamente mientras la frágil luz de la chimenea hace que tu piel se vea más suave de lo que es. Más tierna de lo que es. Creo que eres una Diosa. La mayoría de las veces estoy plenamente seguro de ello.

            Detallo tu cuerpo. No sé por qué me concentro en tus mejillas. En todo caso sobra decir que me pierdo en ellas y en tu cuello. Blanco campo. Suaves colinas recorro para llegar a tus ojos. Marcha que termina rápidamente porque un viaje de dicha altera curiosamente el tiempo.

            Sigue dormitando princesa. Sigue entregada en ese sueño que te hace más linda con esos ojos cerrados, como salvada por un instante de toda la maldad de este mundo. Mientras que todo esto sucede, yo me levanto, me pongo mi armadura, y nuevamente iré a esa batalla, donde constantemente hiero y mato los demonios que se empeñan en que la vida de los mortales sea miserable. Lucho por un mundo más feliz, más humano, más justo, más terrenal. Un mundo que preparo para cuando tú llegues, del mundo de los Dioses, a poblar mi mundo: el de los soñadores.

Deseo en lo más profundo que tu piel esté algo lejos de mí. Para desahogar mi tensión, mi energía contenida, a través de la exigencia a mis músculos para que den todo de sí en tú búsqueda.

Estoy intranquilo si sigo sedentario, como están las fieras dentro de una jaula. Creo que voy a morir si no tengo un propósito, si no tengo algo que hacer, después de explorar todos los continentes y acumular posesiones tangibles, mercantiles y frías. Consigo un poco de lógica al recordar, poco a poco, que tú eres la elegida por mi corazón. Acabo completamente sudado y agotado en un día de recorrido, pero tú rostro es la fuente de agua que calma mi casi desvanecimiento en estas tierras tan secas.

            Por eso pienso, sueño, y me dejo llevar por tus recuerdos, porque así sigo vivo. Porque así siempre seré eterno. Esos detalles de ti… Esos detalles de tu cuerpo que me atrapa y me acobijo con él. Esos pedacitos de tu sonrisas que los despedazó el tiempo, pero guardo esos miles de trozos en mi mente perfectamente juntos. Esos instantes que son muy reales cuando los evoco… Son los que me dan poder. Capacidad de lograr todo lo que me proponga. Es mi motivación… Mi estímulo.

            Tal vez suena trillado, pero ya nada podrá ser igual. Ya las cosas no pueden forzarse a estar ordenadas pero aburridas, tal y como las encontraste cuando me miraste a los ojos por primera vez. Disculpa que te lo diga de esta manera, pero no puedes volver a tu reino de riquezas pero de soledad. No puedes deshacer en tus manos la flor que brotó del jardín que tú reviviste en estas tierras lejanas.  No puedes escapar de este reino de puro color, para refugiarte en un mundo de sembradíos secos y de días en blanco y negro que deprimen porque siempre está nublado. Disculpa pero no puedes, y no es una manifestación de egoísmo sino un recordatorio de que tu vida debe estar acorde con lo que te mereces.

 


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