Muchacha Z
No se
qué pasa con ese hombre. A lo mejor lo idealizaba demasiado. Puede que
equivocadamente creía que me iba a corresponder. Por eso me siento tan
frustrada. Pero esa mirada suya la primera vez me deja todavía pensando. Ese
rostro con las cejas en alto no fue porque le parecí fea. Creo que me estoy
volviendo loca pero todavía hoy podría jurar que él estaba interesado en mí. Ahora la vergüenza también me acecha en
este día. Vuelven a mi mente los
recuerdos de cómo me comportaba cerca de él. Especialmente cómo lo miraba. ¡Hay
Dios mío! Debió darse cuenta del ridículo que hice. Es claro que notó como lo
miraba. Debí parecer una idiota, embelesada viendo sus ojos y sus labios. A
veces me imaginaba que lo tenía cerca, muy cerca de mí y lo abrazaba
fuertemente, para después separame un poco de su pecho y así poder ver la
expresión en su cara. Una expresión de gusto, de alegría por saber que me
gusta, así como yo le gusto a él. ¡Ay
pero qué estoy diciendo! ¡Por favor, deja de decir estupideces! ¡Ya te
diste cuenta de que no le gustas! ¡No ganas nada con soñar, sobre todo ahora!
Ya no hay más nada que buscar… y esperar.
Pero… es delicioso sentir como mi
mente comienza a fabricar fantasías de R casi tan fácilmente como si un
ángel me dictara qué decir, qué hacer… A veces pienso que si mis pensamientos
sobre él se hacen más profundos y vívidos, entonces el sueño se convertirá en
realidad. Mmmm… De verdad que no me había sentido así como ahora. A lo mejor
esto sí es enamoramiento. Y todo lo demás eran creencias falsas. Me siento como
una niña, porque en aquellos días mi mente era libre y alejada de todo
pensamiento de negatividad, preocupación o amargura. Toda la vida de una
persona debería ser así, como si no se pudiera distinguir entre la realidad y
los sueños. Quiero vivir un sueño con
él. Quiero sentirme amada, mimada. Quiero poder contar con él para que me
proteja, para que me consienta, para que me tome de la mano y me lleve a mundos
de romance a pasión… a locura.
Su mirada gentil y su porte de
caballero, fuerte y varonil son una mezcla potente que atrapó mis sentidos
desde el primer día en que lo vi. Supe entonces que era para mí. Pero mi
seguridad de encontrar a alguien adecuado se contrasta con mi incapacidad para
controlar mis nervios cuando lo tengo cerca. Ojalá pudiera absorber parte de su
semblante dominante para poder ahogar esa niña torpe y tímida que sale de mí de
vez en cuando.
Mis pensamientos en el día se
resumen a ilusionarme por pensar en R y en culparme y odiarme por no dejar de
tenerlo en mi mente. Quiero quitarme su rostro de la cabeza porque no quiero
estrellarme con la realidad. No quiero frustrarme. No quiero sufrir. ¿Será que
esta terquedad que brota desde el fondo de mi cabeza es una señal de esperanza?
Mis amigas me piden que sea
positiva, que cambie de actitud. Algunas veces esto es fácil cuando el tiempo
se me va tan rápido y yo apenas dándome cuenta de que pienso en él nuevamente.
Y sobre todo, termino preguntándome en qué momento comencé a hacer esto. La
próxima vez que me encuentre frente a esas viejas que buscan la fuente de la
juventud, les diré que no compren más cremas “anti edad” ni se hagan cirugías
para estirarse la cara. Les diré “Mire señora ¿Por qué no se enamora?”
¿Porque con X
no me siento así? No me tengo que quejar del papel que hace de padre de mi
hija. Pero ¿Por qué esa sensación de desvanecimiento sabroso que tenía por él
se acabó?
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