Muchacha Y
Parece un príncipe cuando va vestido
formalmente, y cuando habla a la audiencia, pareciera como un político, pero
uno buena gente. Me adormece para soñar cuando habla tan concentrado en los
temas que domina. Me hace delirar, y no estoy hablando de lo que sucede cuando
habla conmigo. Si eso sucediera, estuviera muda y paralizada por cinco minutos.
Tendría que esperar otros diez para reponerme de la vergüenza de lo que
pensaría de mí si yo hiciera tal escena. Es tan poco cuando lo escucho hablar,
y me pierdo muchas veces, entre el imaginarme caminando junto a él como novios
(tomados de la mano) y detallar cada partícula de su rostro, como si hubieran
separado para que alguien los armara como rompecabezas. Quisiera tener el poder
para estirar el tiempo… estirarlo como el pequeño sueldo que me dan en la fábrica.
Alargar ese tiempo como cuando alargo el momento en que debo levantarme para ir
a trabajar; el despertador suena a las 5:00 am y yo tengo la libertad y la
capacidad de pararme de la cama 15 minutos. Parecerán poco el tiempo e
insignificante la gracia. Pero la libertad y el poquito rato que tengo de más
para dormir es algo maravilloso. Así de maravilloso es apenas imaginarme que
puedo controlar el tiempo para escucharlo… para verlo.
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