En Estos días
quise escribir…
No las más
gloriosas oraciones, que salen de diversos corazones que habitan en los
enamorados
Sólo estuve
apiñado entre mente seria y razón, argumentando la desazón de anteriores
experiencias.
Quise escribir eso
sí, de serios análisis… De afirmaciones vorágines sobre la mente y sus
misterios.
Quise hacer más
llevadero el signo de interrogación que está sobre mi cabeza.
Pero no se qué
pasó, que de inmediato hubo un cambio en mi atención.
Vi de cerca la
ensoñación de tus claros ojitos.
Al principio no
les hice caso, como buen disciplinado.
Pero al final me
avergüenzo de no ser sincero conmigo mismo.
De ocultar lo que
siento.
De frenar las olas
con mis pensamientos. De cerrar los ojos a tus cabellos que observo aquí
sentado.
Este amor
prohibido me ha enajenado.
Con algo de dolor
lo admito… con cierto orgullo me remito…
A las pruebas
anteriores, de que nuestros ojos son cordones, que se enredan cuando se
encuentran.
No siempre porque
te alejas, aunque tú fuego no me quema.
Y aún sin embargo,
le tengo miedo, a él… a tus cabellos que ya veo entrelazados en mis manos.
Piel suave sienten
mis ojos, más aún nunca te he tocado.
Sonrisa traviesa,
tierna y sincera también me ha ensimismado.
Pereza disciplina
la mía en estos momentos…
En el que el sol
no calienta… La noche no atemoriza…
Pero tus ojos me
cobijan… y me hacen más malcriado…
Y entonces todas
las hadas del bosque se acercan a mi cama…
Me susurran al
oído…
Me recuerdan… Que tú ya te has dado cuenta…
De que a veces sueño
contigo. De que cada día sólo quiero
no verte… Para no privarme…
Para no castigarme
con lo que me abstengo.
Y toda mi cabeza
el resto de la tarde… se hace lava ardiente y luego ceniza de incendio…
Y es que sabes lo
que sucede. Sabes… o bien lo presientes.
Sabes, y se te
endulzan los labios cuando suspiras.
Sabes que te
compete…lo que aquí escribo… y cuando suspiras a veces…
Y recuerda: me doy
cuenta cuando tu mirada se centra en mí…
Aunque si bien de contrabando se luce cuando
aparece, va y viene de repente como cual ratoncito valiente…
Si acaso un fuerte
frío te despierta en la noche… Y te
dice: “tú le gustas… El te quiere…”
Que conste que lo
primero que quería que supieras… Es que
te respeto y siempre estaré frente a ti como guardián de tu dignidad.
Por cierto que me
asaltan otra vez la desdicha, el miedo y la pasión.
La desdicha en
forma de incertidumbre… Por no
poseerte… por no tocarte.
Pero también por
cómo reaccionarás tú y las circunstancias.
Déjame ser más
sincero contigo. Lucho todos los
días con una bestia de dos cabezas…
Una cabeza es la
incapacidad de hacer algo que te pueda ofender o lastimar…
¡¡Y por lo tanto
su peligro está en que no pase nada!!
La otra cabeza…
menos horrenda, representa… lo que al final sucederá…
Que yo decida
contártelo todo… Claro, cuando sea el mejor momento.
En todo caso, yo
te advierto…. Que quiero lo mejor para ti…
Sé que te gusto,
pero sin embargo, en el futuro puedes no estar esperándome. Eso lo pienso.
Pero no hablemos
más de tristezas que el destino quizás causará.
Hablemos del
presente donde tú me miras, mientras que escribo aquí detrás.
Estoy tratando de
concentrarme en lo que disfruto día a día…
Tu juventud, tu
alegría, la jovialidad marcada con tu nombre.
Dime por favor quien
más permanece incólume de pie aplaudiendo en silencio…
Tú belleza y mi
celo de protegerte… En cuanto a esto último pareceré charlatán…
¿Yo protector de
un alma que ni siquiera me ha elegido?…
Como servidor de
alto estilo… tomándote siempre del brazo…
Pero por su puesto
mi princesa… Yo vivo en los sueños cuando te pienso…
Y sí tú reinas en
ellos cuando me recuerdas… pues lo material no cuenta…
Es importante eso
sí la mirada con qué me enfrentas…
La sutileza de tú
cariño… La suave sonrisa que me regalas…
Poderosa doncella
que me reta… Humilde mirada la que te
espera…
Cuando un beso
nuestro sea llamas.
Un amor de
contrabando es ese… discreto, escondido pero no de mal gusto.
Un ronronear de
arbustos en un jardín prestado.
Un amor de
contrabando es ese que no se ha develado todavía…
Pero es obvio,
insolente y descarado… como tus ojos y los míos… como la musiquita andando.
Música clásica
como los amores de antaño. Porque tú eres de verdad un regalo…
Regalo clásico,
especial y a la vez cabizbajo… es que tu presencia también es… de contrabando.
Y si el
contrabando burló la prohibición de libros que hablaban de libertad en una
época de ignorancia.
La mercancía que
yo vengo ofreciendo es amor retardado… con retroactivo… y con agregados.
Con un poco de madurez
encima… pero con la ilusión de un niñato.
Por cierto que yo
soy muy joven todavía…
Para todo lo que
está pasando…
Para tú primera
vez…
Para mí que estoy
adelantando…
En el hechizo que
me lanzaste, sólo soy duro de la piel hacia abajo.
Pero soy como tú…
igualito… adolescente encarnado…
Si no me crees…
cuando llegue el momento… ábreme para que veas mi alma iluminando…
Tú linda
carita… y tú suave piel…
…de contrabando.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario