Quieres que te explique qué me atrae de ti.
Quieres que resuma en dos segundos la historia de la humanidad. La fragancia de
mil orquídeas, la eterna amenaza de la noche. Apagadas las luces, se enciende
entonces la iluminada pasión de tus sentimientos.
Y entonces, eres tú, princesa, La
ilustración que cambia mi mente de edad media a renacimiento. Eres tú, mi
consentida. Alma acobijada en mis nostalgias. ¿Quién se rehúsa a mirar a otro
lado?, Distinto es, el punto en donde estoy parado. Mírame y me secuestras,
Deja que te mire y te haré eterna. Déjame por un ratico observarte, aunque sea
sin compromiso de quedarme con tu recuerdo.
Hoy
se supone que debía escribir un discurso. Debía trabajar para hacer que mi
dinero rindiera más. Pero tú me faltas… hace tanto tiempo. Que mis palabras
jaladas se transforman en recuerdos. Letras anilladas por tus dedos. Se
convierten en gigantes… y muertos.
Oraciones de amor… Y de destierro.
Pena de muerte y de cortejos.
De
marchas de soldados y aventureros. Mineros y Vigilantes que acuden a tu
encuentro.
Poema de treinta céntimos que hago en dos
tercios. Declaratoria de amor que me hacen opuesto.
El discurso
me saldrá travieso. Son las once y creo que habrá tiempo. Para escribir
memorias del desencuentro. Dedicadas a los graduados que no lamento. Mientras
tanto, me fijo en tu rostro… Tú carita. Tú señuelo.
Cuatro
páginas de líneas que bailan a tu ritmo y que al final caerán en tus manos,
llenas de dulzor, picor. Melao en tus labios. Ajíes que son como tú, que ardes
en mi piel pero lo resisto como masoquista.
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